Reseña de los Apple Vision Pro: un futuro muy solitario

Desde el lanzamiento del iPhone, en enero de 2007, o el iPad, tres años más tarde, un producto de la marca no representaba, en el papel, un salto de varios años en la forma en que interactuamos con el mundo digital. Los Apple Vision Pro son un producto sorprendente, que lleva la inmersión digital de los usuarios mucho más allá que la computadora personal, aunque varias de sus principales características son también fuente de problemas más profundos.

Inicio veloz Toma menos de 10 minutos aprender a navegar el mundo de los Vision Pro. El visor es cómodo, aunque un poco pesado, y se ajusta con una banda que viene en diferentes tamaños para comodidad de los usuarios. Una pequeña perilla lateral permite ajustar aún más el dispositivo al rostro, y los colchones alrededor de los ojos son, al inicio, cómodos. Arriba del visor hay un botón multifuncional que permite, entre otras cosas, tomar fotos o videos. Al otro lado está una perilla presionable, similar a la corona de Apple Watch, que también tiene diversas funciones, la principal llevar al menú inicial del Vision Pro. El dispositivo se conecta por un costado a una batería que cabe en la palma de la mano, cuya duración es de máximo dos horas antes de requerir conectarse a una fuente de poder. Ya hay accesorios para colocar la batería en la cintura y liberar las manos si se camina por la casa o el trabajo con el visor. Aún así, la poca duración parece “esclavizar” al usuario a estar cerca de una toma de corriente. Todo es oscuro al colocarse el dispositivo por primera vez, pero al encenderlo el usuario puede ver lo que ocurre a su alrededor, aunque no con absoluta nitidez. El visor solicita escanear las manos y luego despliega una serie de puntos en un círculo que al mover los ojos cambian de color. Aquí empieza la “magia” de los VisionPro. Los ojos se convierten en el mouse de este sistema y juntando el índice y el pulgar, como haciendo un pellizco, se confirman selecciones o se mueve todo en la pantalla.
Máxima intuición El menú principal contiene las aplicaciones base de Apple: TV, fotos, música, notas, Safari y las que el usuario decida descargar. Dominar el sistema de apunte con los ojos y selección con solo dos dedos toma apenas unos minutos. La experiencia de usuario es altamente intuitiva y salvo algunos errores iniciales, como cerrar sin querer una pantalla, en menos de 10 minutos podía agrandar textos, mover ventanas, seleccionar aplicaciones y opciones de usuario. A diferencia de los memes o algunos videos en redes que muestran a algunos usuarios de los Vision Pro moviendo las manos por todos lados, en realidad es posible operar el sistema apenas levantando un poco los dedos. De hecho, a lo largo de esta prueba de 70 minutos, rara vez necesité elevar la mano más allá de la altura del pecho. La experiencia inicial y la facilidad de uso engancha de inmediato. Como si se tratara de una película de ciencia ficción, frente a mí tenía acceso a toda una computadora personal, con menús flotantes, ventanas que se sobreponen sobre el mundo real e identifican cada movimiento de mis manos.
Alegría para los nostálgicos La primera app en probar fue fotos. La promesa de los Vision Pro es una experiencia visual sin precedentes y cumple. Además de las tradicionales, el dispositivo despliega fotos y videos en tercera dimensión que hacen sentir, sin exageración, que se revive el momento tal cual ocurrió. Un video de demostración de un cumpleaños coloca al usuario frente a una niña que sopla las velas de un pastel y da la sensación real de estar ahí, en esa sala, a punto de cortar una rebanada. Otro video casero muestra a una niña jugando con burbujas y es casi imposible no intentar reventar una con las manos, pese a lo absurdo de la situación. Las fotos en tercera dimensión tienen profundidad y volumen tan certero que parecen cobran vida y se observan detalles que de primera vista no aparecen. Las fotos panorámicas envuelven por completo a los usuarios dentro del visor. En mi caso, una foto de Islandia me colocó en medio de un lago congelado. Hacia donde volteara, la imagen permanecía, como si me hubiese transportado a ese glaciar del Atlántico Norte en un solo pellizco de mis dedos. Los amantes de la fotografía y quienes suelen revivir constantemente momentos a través de sus fotos y videos, tendrán en los Vision Pro un despliegue que ninguna computadora o pantalla puede en la actualidad.
Navegación sencilla Safari, el navegador de internet de Apple, fue quizá de lo menos sorprendente en la demostración. El despliegue es tal cual ocurre en una pantalla normal, aunque con los dedos la navegación y la lectura se vuelve simple. Volver de una página a otra es una tarea rápida y, nuevamente, altamente intuitiva. El navegador, sin embargo, no tiene funciones especiales o desarrolladas con el Vision Pro en mente. Una ventaja, quizá, es que los usuarios pueden mover la ventana de Safari a otra parte de su visión y continuar con otras tareas, solo para volver a ella cuando lo necesite.
Cine para uno Las películas se viven diferente con los Vision Pro, gracias a su despliegue de video, que ocupa toda el área visual de los usuarios y que puede ajustarse como si escogiera un asiento en una sala de cine. Hay opciones que permiten mover la pantalla a ángulos que asemejan un asiento más cercano o lejano, y diversos fondos para el contorno de la película. Las características visuales del visor de poco servirían sin un sistema de audio igualmente inmersivo y potente. También en ese rubro, el dispositivo cumple y sin importar si es video casero, una película o una canción de Apple Music, la calidad y nitidez del sonido es total, cercana a la de los AirPods Pro, aunque sin alcanzar el nivel de los AirPods Max. Si las películas resultan atractivas en los Vision Pro, un video de demostración de lo que podría ser el futuro del video en el dispositivo maravilla a cualquiera. Una sesión con la cantante Alicia Keys, en la que aparece a menos de un metro, muestra lo cercano que nos llevarán a nuestros artistas favoritos. Escenas de una escalada en las montañas que provocan vértigo al voltear hacia abajo. Un partido de futbol, en el que la sensación de estar en el estadio es casi real, casi.

Experiencia sin compartir El cine, el deporte y la música suelen ser experiencias compartidas. La sensación al ver un gol, una jugada apretada en primera base, una escena angustiante de una película se vive mejor, en mi experiencia, cuando se comparte. ¿Los VisionPro sustituirán las actividades gregarias debido al nivel de inmersión? No lo creo, y espero que no. La realidad es que aunque Apple asegura que se puede moderar el grado de aislamiento con los controles y mostrar más del mundo real en la visión de los usuarios, es extremadamente sencillo perderse en los menús digitales y la envoltura del sonido. Los fondos de pantalla de los VisionPro invitan al usuario justo a eso, a creer que está sentado en lo más alto de una montaña, sin reparar en lo que ocurre a su alrededor. La línea entre lo virtual y lo real nunca había sido tan delgada. Hay videos en internet que muestran a personas caminando por la calle con los VisionPro o, incluso, manejando. Yo no me atrevería a caminar con ellos por la casa o el trabajo, por temor a tropezar o ignorar a quienes me rodean. Perderse en la experiencia de la computación espacial es muy fácil con este dispositivo. Sin duda la experiencia visual es única en su clase, aunque Mark Zuckerberg diga lo contrario, pero todo se siente abrumadoramente individual. El asombro no es compartido, a menos que alguien más vaya también con unos VisionPro por la vida. Incluso las fotos, por toda la inmersión que brindan, se sienten como una experiencia que carece de humanidad. Robando una frase a mi editora de este texto, ¿las personas preferirán vivir a través de fotos únicamente los sitios que no han visto en realidad? ¿Será posible evitar que el ensimismamiento que los smartphones y otros dispositivos nos han dejado crezca de forma exponencial? Porque es sencillo que pase casi una hora navegando entre menús sin darse cuenta del tiempo. No hay un reloj a la vista en los menús y aunque el ecosistema de Apple suele combinarse con elegancia, permanece la sensación de que una vez que los Vision Pro se colocan en el rostro, el resto del mundo queda silenciado. Una alerta improbable es el cansancio que después de una hora, y por la falta costumbre, genera el peso del visor, especialmente en la zona cernana a la nariz y alrededor de los ojos. Pero más allá de ello, depende del usuario detenerse y volver a una realidad que no se manipula con los ojos.
¿Y todo para quién? Desembolsar al menos 3,500 dólares por los Vision Pro más básicos es un precio alto, especialmente cuando no queda claro aún quién o quiénes podrían sacar más provecho de esta tecnología. Si es por las características arriba mencionadas, parece un despropósito cuando hay alternativas más económicas. Y como herramienta de trabajo el dispositivo no apunta con certeza a su mercado. Traté de utilizar Pages, el procesador de textos de Apple, y Notas para escribir una parte de este texto y fue imposible. El teclado virtual no me permitió teclear con naturalidad y debía pellizcar letra por letra para escribir. Luego de varios intentos fallidos para redactar una sola línea, el sistema me recomendó conectar un teclado tradicional para continuar. Así que para los fines de mi propia profesión, los Vision Pro no están ahí todavía para sustituir mi computadora personal, al menos como aparato aislado. Apple asegura que este gadget convive perfectamente con la MacBook Pro. Sin duda, la experiencia es asombrosa de saque, pero me considero demasiado gregario como para encerrarme por completo en un visor. Las funciones de aislamiento podrían permitirme concentrar en mis actividades laborales, aunque no parece estén desarrolladas las aplicaciones por completo para ese fin. Como tecnología, los Vision Pro son revolucionarios en llevar la computación espacial a los hogares de millones de personas, aunque no a los espacios públicos o como sustituto absoluto de la comunicación tradicional. Quizá cambie con el tiempo, pero todavía me gusta ver a la gente directo a los ojos.

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