¿Cuánto le cuesta a cada mexicano el síndrome de Diógenes y cómo combatirlo?

¿Se puede ser dueño de algo intangible? Probablemente sí, pero aún no estamos preparados como seres humanos para el tránsito total del mundo físico hacia el puramente digital. Aún así, existe una “compulsión” hacia la acumulación de archivos en todos los dispositivos electrónicos: el síndrome de Diógenes digital . Su padecimiento -originalmente relacionado con toda clase de objetos físicos- no solo tiene implicaciones psicológicas, sino también costos económicos, de eficiencia e incluso ambientales, comenta Bethlem Boronat, directora del Máster en Customer Experience & Innovation de la EAE Business School.

¿Cuánto le cuesta el síndrome de Diógenes a los mexicanos?

Cuando las personas acumulan archivos indiscriminadamente no solo tienen un problema de desorden en sus vidas, sino que también está incurriendo en un desperdicio económico, en cuanto a costos de almacenamiento informático. “Si consideramos que el precio medio de 200GB de almacenaje para particulares en México está alrededor de los 50 pesos, podríamos decir que periódicamente desperdiciamos 42 pesos y medio de nuestra cuota” estima Bethlem. Pero este no es solo un problema individual. De acuerdo con un estudio de Computer Business Review, un 85% de los datos almacenados por las empresas son inservibles. Pero aunque la aparente intangibilidad de los datos sea engañosa, en realidad sí ocupan un espacio físico en el mundo. Los servidores, computadoras y discos duros donde se almacenan los datos inservibles o repetitivos están fabricados con minerales y plásticos y no solo eso, utilizan energía constantemente. Por lo tanto, tienen una huella ecológica. Entonces, el síndrome de Diógenes tiene un alto costo para la sociedad desde esta perspectiva.

¿Cómo combatir el síndrome de Diógenes?

En opinión de la especialista, el orden es esencial para gestionar y decidir qué archivos son importantes. Si cada cosa tiene su lugar en una casa, por qué no habría de tenerlo cada archivo. Este principio ayuda a discriminar qué información cabe en cada compartimento, según sus características. Pero como la abundancia de información puede generar adicción de ‘tener’ y conservar archivos, es importante darle un peso específico a estos. Una opción es elegir aquellas fotos que sí se van a sumar al álbum familiar o de amigos y desechar las que no tendrían lugar ahí. Otra, muy similar a emular el mundo de lo físico, es elegir una lista de canciones que sí le gustaría a alguien tener en un disco y desechar las que apenas son reproducidas de vez en cuando. Es decir, “tratar de buscar una intermediación de la tecnología un poco más low”, entre lo digital y lo físico. En ese proceso evolutivo del que hablaba antes, aún nuestra mente tiene dificultades para sentirse “propietaria” de algo intangible. Pero creo que hay muchos aspectos en los que se pueden coordinar la tangibilidad y la intangibilidad.

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