Crónica: ¿Cómo un ácaro puede generar tanta innovación?

Malmesbury, Reino Unido. La innovación no es lineal y pensar que se puede lograr un avance tan constante es un despropósito. Eso lo tienen claro en Dyson , una empresa de tecnología donde el camino hacia la originalidad está marcado por equivocaciones y la comprensión de qué falló en el proceso. Dennis Matthews, un microbiólogo que se encarga de estudiar el polvo en Dyson, platica que los desarrollos de la empresa no son valiosos sólo por lo que entregan al usuario, sino también por la comprensión que tienen de la tecnología y la investigación que realizan alrededor de ella. La innovación en Dyson, comenta Matthews, se fundamenta en “analizar para encontrar problemas que afectan a la gente. Para ello debemos pensar en cosas que no se ven, como los microorganismos”. El ejemplo del polvo es uno de los más relevantes al interior de Dyson, pues les mostró que había problemas que necesitaban reenfocarse y así lograron mejorar sus productos Oliver Toogood, ingeniero sénior de diseño en Dyson, está de acuerdo con la premisa de su colega y agrega que no se trata de hacer dispositivos más inteligentes, sino crearlos a partir de un pensamiento inteligente, lo cual implica entender los detalles y errores de su tecnología para modificar el rumbo hasta encontrar los resultados esperados.

“Veo a la innovación como resolver problemas, hablo de cosas cotidianas que se deben atender. Es un viaje en el que Dyson no tiene miedo de tomar un rumbo diferente con sus productos. Piensas en los teléfonos actuales y sólo son más grandes. Pero entre nuestros dispositivos hay diferencias sustanciales para cada tipo de uso”, afirma Toogood.

Dyson, un lugar lejano, pero que sorprende Para ver de primera mano esos procesos, Expansión estuvo en los laboratorios de la empresa en Malmesbury, Inglaterra. Llegar ahí toma tiempo. Desde el aeropuerto de Londres deben pasar un par de horas viajando en automóvil. Aunque el trayecto puede ser tedioso después de 10 horas en un avión, los campos que parecen alfombras verdes hacen más llevadero el recorrido. Al llegar ahí, lo primero que llama la atención no es el edificio de techo cóncavo que da la sensación de una ola, sino un avión de combate Harrier de la segunda guerra mundial estacionado fuera de la oficina, algo que también se replica al interior de una de las cafeterías centrales de la empresa. Y es que para fabricar estos armatostes, los ingenieros de la época no se detuvieron a pensar en cómo optimizar sus recursos para crear diseños más esbeltos, lo cual sí ocurre con los dispositivos de Dyson. Desde sus aspiradoras hasta sus lámparas, en esta empresa predomina la premisa “hacer más con menos”.

El ritual para entrar a los laboratorios Para entrar a los sitios donde trabajan los especialistas de Dyson es necesario vestirse adecuadamente. En esta ocasión, el código de vestimenta incluye una bata de laboratorio y zapatos antiderrapantes, que atraen las miradas tanto de empleados de la empresa como de los estudiantes del Instituto Dyson. Una vez dentro, el panorama no es tan distinto al de cualquier fábrica. El color gris de los fierros predomina a la vista y por doquier hay grandes contenedores de materiales. Sin embargo, la gran diferencia de este sitio se ubica en algunos departamentos al interior de la fábrica que es donde se desarrollan y ponen a prueba los nuevos productos. No existe una jerarquía entre cada área, pues cada una es vital para la creación y mejoramiento de las aspiradoras de la marca, pero sí hay una separación muy marcada entre todas las especialidades. El área de prototipos e impresión 3D son fundamentales para el proceso de prueba y error de la compañía. Ahí dentro, los ingenieros trabajan con una serie de máquinas industriales que les permiten moldear duras piezas de metal u otros materiales a su antojo para crear las primeras versiones de los motores, por mencionar un caso de uso.

Esta etapa es relevante porque a través de una antena se miden diferentes estándares de emisiones, lo cual es importante para que no haya interferencias con otros dispositivos electrónicos en el hogar, además de establecer las características de cada mercado. Respecto al sonido, la habitación que se utiliza tiene el propósito de detener los ecos. Si no supiera que se trata de una sala de audio, diría que parece una instalación de arte moderno y su objetivo es calibrar el ruido y la calidad de sonido de las aspiradoras Dyson. https://expansion.mx/tecnologia/2022/07/05/en-fotos-l-un-acaro-puede-generar-innovacion#pid=slide-0 Para ello, el dispositivo se ubica al centro de la sala y a su alrededor se instalan 10 micrófonos con los que se mide el audio. Si bien Dyson podría hacer dispositivos cada vez más silenciosos, los expertos resaltan que hacer una aspiradora no es una de sus pretensiones, ya que no están dispuestos a sacrificar el rendimiento por dicha característica. Además, de acuerdo con información de la propia empresa, algunos mercados como el estadounidense, prefiere aspiradoras más ruidosas, ya que les transmiten una sensación de que el aparato es más potente.

El polvo y las herramientas para acabar con él Uno de los laboratorios que parecen más fascinantes es el laboratorio de polvo. También podría llamársele como una granja de ácaros, pues es donde los microbiólogos como Dennis Matthews observan y analizan a los microorganismos. Desde este lugar, comenta el científico con una sonrisa en el rostro, intentan entender cómo el polvo o los alérgenos que se producen de las relaciones con animales de compañía afectan al cuerpo humano a pesar de ser organismos que no se ven a simple vista. Vistos con un microscopio, los ácaros parecen grandes animales que pueden estar en cualquier parte del hogar. Por ello, la lección del día, bromea el especialista, es aspirar en cada rincón de casa, incluidos los colchones, pues estos animales se alimentan de la piel muerta y pueden ser un factor para generar enfermedades como el asma. Matthews incluso destaca que a este laboratorio llega polvo proveniente de diferentes partes del mundo, con el objetivo de ser analizado y, al igual que con la sala EMC, encontrar las mejores características para cada mercado.

Por último, el laboratorio de pruebas es donde toda la tecnología e investigación se reúnen antes de entregar el producto al consumidor. El área cuenta con diversos tipos de alfombras o superficies para detectar el movimiento de cada cabezal y determinar si es necesario modificar alguna parte de las aspiradoras. Este sitio con un valor un millón de libras esterlinas es un ambiente totalmente controlado. Sus duras estructuras y carriles permiten analizar la capacidad de succión, además de que aquí también se cuentan con diversos tipos de sustancias para aspirar, como cereales Cheerios de EU y Reino Unido, para determinar las diferencias de cada mercado. “Lo que hemos logrado recientemente”, concluye Toogood, quien trabajó en el cabezal con láser de la Dyson V15, “es que miramos hacia otros mercados, a casas de gente de distintos países con características específicas que requieren de dispositivos específicos y eso también forma parte de la innovación”.

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